La Crisis Palestina Actual y su Solución

 

Por Mohammad Masharqa (traducido del árabe).

 

Varios caminos para romper el atolladero político actual se han discutido en la arena palestina. El proyecto nacional ha sido afectado por varias crisis desde que el intento de establecer una autoridad nacional limitada sobre una pequeña parte de nuestra patria histórica se puso en marcha. Los acontecimientos internacionales y regionales que tuvieron lugar durante las últimas décadas del siglo pasado, nos han obligado a reconceptualizar nuestro programa de liberación. Esto supuso aceptar un acuerdo vago y reordenar las prioridades nacionales en una forma que aseguró la transición del centro del proceso nacional desde el exterior hacia el interior. Esto fue considerado como un paso decisivo hacia la recuperación de la identidad nacional mediante la creación de una entidad política. Por una variedad de razones, este camino particular que el proyecto nacional tomó, ha terminado en un callejón sin salida.

Esta cruda realidad actual plantea varias preguntas, a las que se han dado respuestas significativas. Sin embargo, estas respuestas no han llegado a salir de los estrechos círculos de las élites políticas y académicas. Aún tienen que traducirse en acción política, transformadas en un programa de salvación nacional, en un momento de división y fragmentación dominado por la apatía política e intelectual que ha caracterizado la vida política palestina durante las últimas dos décadas. En este contexto, tenemos que tener en cuenta los acontecimientos negativos que se han producido a nivel de la cultura política palestina. Los desacuerdos políticos fueron tratados mediante la fuerza armada. Las acusaciones de herejía religiosa y traición nacional se generalizaron, eclipsando las ideas de reconciliación, diálogo y perdón.

Ha habido varias sugerencias para salir del dilema actual, las más importantes de las cuales son: la disolución de la Autoridad Palestina; la reactivación de la OLP y de sus marginadas y congeladas instituciones; detener el inútil proceso de negociaciones y devolver la causa a la esfera de la legitimidad internacional; abandonar el compromiso con el programa de los dos Estados, ya que ha sido cooptado para servir a los intereses de Israel y se ha convertido en una tapadera para la continuación de la colonización y la judaización; recuperar la consigna de un Estado democrático como solución moral para ambas partes; y prepararse para el ejercicio de la resistencia violenta, sobre la base de que ninguna solución será posible sin una derrota contundente del proyecto de Estado sionista.

Las ideas sobre la reconceptualización de la base de la legitimidad política dentro de la Autoridad Palestina, la OLP, los partidos y las organizaciones populares, han surgido antes del nacimiento de la Revolución de la Primavera árabe. Sin embargo, no han conseguido entrar en las agendas de los partidos políticos. Independientemente de sus raíces políticas e intelectuales, los partidos tienden a insistir en la fórmula de las cuotas y de los asientos divididos. Esto se debe a que la medida del poder y la influencia dependen principalmente de las conexiones que estos partidos tienen con los centros internacionales y regionales, y con las fuentes de financiación.

Las cosas son diferentes hoy en día. Las consignas "el pueblo quiere", y "el pueblo es la fuente de toda autoridad", se han convertido en axiomas centrales en el mundo árabe. Ello significa que cualquier régimen que ignore la voluntad del pueblo no tiene legitimidad. Estas consignas se han convertido en posibles y realistas en la situación actual de Palestina, y ofrecen la respuesta a la división y la fragmentación. La profesora Karma Nabulsi, la pionera de la iniciativa para el rejuvenecimiento de la democracia y la legitimidad palestinas, señala que "el llamado a las elecciones para el CNP unifica a todos los palestinos, porque se eleva por encima de facciones, ideologías y orientaciones políticas." La profesora de la Universidad de Oxford añade que es "el único principio revolucionario que puede acabar con el encarcelamiento político actual de los palestinos, porque les garantiza que cada voz contribuya a la definición de las plataformas, políticas y estrategias nacionales. Organizarse entorno a esta demanda saca la toma de decisiones de las manos de unos pocos y la pone de nuevo en las manos de las personas- ya sean islamistas o seculares, partidarios de uno o de dos Estados, conservadores o radicales."

El objetivo de encarnar la unidad del pueblo, con sus doce millones de personas viviendo en todas partes del mundo, no puede lograrse sino a través de un acto positivo que devuelva el respeto a la voz y a la opinión de cada palestino que ha sufrido la marginación, el abandono, y la tergiversación. Cambiar el liderazgo, restablecer la unidad sobre la base de cuotas, reactivar la OLP en su forma actual; ninguna de estas opciones puede recuperar el alma luchadora del pueblo palestino. Sólo unas elecciones libres y justas para el parlamento palestino, el CNP, y la recuperación de su verdadero carácter representativo interno y externo podrían permitir a los palestinos entrar en un gran proceso político. Sólo a través de un proceso como este podrían encontrar el orgullo, la dignidad y la participación real en la definición de su propio destino. Un CNP elegido democráticamente es la única estructura que podría volver a redactar la carta sobre bases colectivas que reflejen la verdadera voluntad del pueblo palestino. Una estructura elegida representativa redefine el proyecto nacional, así como sus bases y estrategias. La creación de esa estructura es la única forma que permitirá a los líderes hacer frente a las presiones regionales e internacionales.

Lo que nos da un optimismo añadido sobre la posibilidad de lograr el objetivo de las elecciones directas al CNP es el consenso nacional que existe sobre este tema, compartido por las diversas corrientes en los círculos gobernantes y en los de la oposición. Se ha insistido sobre este asunto en las diferentes etapas del diálogo nacional, desde la segunda cláusula del Documento de los Presos -que logró una aceptación nacional absoluta-, hasta los acuerdos de El Cairo y de Doha. El viejo juego ya no es sostenible; ha eternalizado los dirigentes nacionales y de partido, ha destruido la vida política, y ha creado un estado tribal de polarización. Por otra parte, el viejo argumento acerca de los obstáculos para celebrar unas elecciones libres en los países limítrofes de Palestina ya no es creíble, por parte de nadie. Los enormes progresos técnicos que se han logrado durante los últimos diez años, sin duda, facilitarán las tareas de registro, votación, y anonimato. En todo caso, sólo un pueblo libre que es responsable de su propio destino y que participa en la creación de su futuro puede ser victorioso.

 

Este artículo fue publicado por Filmirsad (árabe).